DEVOCIÓN POR EL MAESTRO (FLASH GORDON DE AL WILLIAMSON)

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Hay maestros que marcan a los alumnos hasta que esos mismos alumnos se convierten a su vez en maestros.  Es el caso de Alex Raymond y Al Williamson. Como espectador, como lector de cómics, como aspirante a artista, la sombra de gigante del autor de Flash Gordon, Jungle Jim, X-9 Agente Secreto y Rip Kirby se proyectó sobre el incipiente artista que, desde finales de los años cuarenta y primeros cincuenta del siglo veinte, se fue abriendo paso en el mundo de los cómics, bien como autor del grupo de jóvenes neoyorquinos (con Frank Frazetta y Wally Wood) para el sello EC y sus títulos de ciencia ficción, como trabajando de ayudante para los herederos de las series de Raymond: Dan Barry en su Flash Gordon y, durante más tiempo, John Prentice en Rip Kirby.

Los aficionados a la estética del Flash Gordon clásico se encuentran siempre en el dilema de elegirla por encima a la de su epígono, Dan Barry, el autor que con su numeroso equipo revitalizó y actualizó el tono de ciencia ficción de la serie. La presencia de Barry en las aventuras del héroe espacial es larga e indiscutible, y sin duda su éxito permitió que Flash Gordon no se perdiera en la memoria de los aficionados. Tomar las riendas de las tiras diarias o las dominicales, que también acabaron por ser absorbidas por Barry, era en los sesenta, y hasta un par de décadas después, un imposible.

Para Al Williamson, sin embargo, los comic books llegaron al rescate. Con la ubicua nomenclatura de King Comics, Gold Key lanzó una serie dedicada a Flash Gordon, y fue Al Williamson el encargado del dibujo y, al menos en un par de historias, de crear los argumentos y escribir los textos. Estamos ya en 1966, el Flash Gordon que los lectores de periódicos conocen es muy distinto al Flash Gordon que Williamson recupera.

Williamson vuelve al Mongo de opereta, al planeta errante de bestias imposibles y paisajes inimaginables, de reinas altivas y princesas casquivanas y malvados de una pieza. Y lo hace siguiendo la estética de Alex Raymond, su autor idolatrado, pero poniéndola al día lo suficiente para que podamos ver el rastro del creador original y al mismo tiempo lo mucho y bueno que Williamson incorpora.

Son historias breves que no se desarrollan con toda la extensión que quisiéramos: ni siquiera llegan a las veinte páginas que ya Marvel había establecido en su tiempo. Son historias con las que, además, Williamson se sintió mal pagado, de ahí que solo dibujara seis de ellas, espaciadas en diversos comic books que serían completados con otras historias de otros dibujantes y guionistas. La manera en que aborda, junto con su colaborador y amigo Archie Goodwin la visión del héroe raymondiano les sirvió a ambos para que King Features Syndicate les ofreciera hacerse cargo, en sustitución de Bob Lewis/Bob Lubbers, de la serie X-9 agente secreto, a la que como todos sabemos pronto rebautizaron Corrigan agente secreto y en la que estuvieron catorce años, hasta 1980.

En esas seis historias originales (algunas escritas por él mismo, otras por Archie Goodwin y otras con la colaboración del aficionado y experto en Flash Gordon Larry Ivie), curiosamente, vemos un intento de continuidad con las historias de Alex Raymond de los años cuarenta, e incluso alguna explicación muy entre líneas para la vivencia y longevidad de los personajes que nosotros amamos gracias a que autores como Al Williamson también los amaran: Ahí tienen ustedes esa primera historia sin titulo donde en apenas cuatro páginas se nos hace un bellísimo recorrido por los reinos de Mongo y los personajes que prácticamente no habían vuelto a aparecer en la serie de los periódicos, y donde Williamson incluso se permite contar que Flash, Dale Arden y Hans Zarkov regresan a Mongo en busca de “radium” (lo hemos dejado así para no confundirlo con el radio que existe en nuestro planeta), el material que ayude a la Tierra. No contento con ese salto atrás (y yo diría con algo de desdén consciente a la “cronología” oficial de Dan Barry), se nos presenta en el reino de Frigia una especie de suero antienvejecimiento que nuestros personajes toman y que, lo comentan mucho después, les permite lucir sanos y lozanos por más años que pasen y más planetas que visiten. Por cierto, el doctor Davro que crea el suero es ni menos que el dibujante Gray Morrow, que ayudaría con el entintado de la última página de la historia… y que posaría también como malo en alguna historia de Corrigan.

Más curiosa es la última de las historias de este periodo “El terror de la muerte azul”, donde se revela el pasado principesco del pelirrojo Gundar, el bandido convertido en esposo de la reina Desira. Les explico: cuando en la revista Leyendas se publicaron en España las historias originales de aquella época, la falta de material provocado por la Segunda Guerra Mundial llevó a pegar carpetazo a la historia en curso de buenas a primeras. Es sabido que Jesús Blasco se encargó de terminar de prisa y corriendo, en una página, aquella historia… donde se revelaba que Gundar era un príncipe exiliado en busca de aventuras. Perdón por el spoiler, pero es justo lo que ocurre en esta historia. Quizá sea especular demasiado, pero puesto que Al Williamson se llamaba originalmente Alfonso, se educó en Colombia, hablaba perfectamente español y era muy amigo de varios dibujantes españoles, ¿quién nos dice que no se enteró de este final español apócrifo y decidió incorporarlo a su visión del personaje?

Con Williamson y Goodwin dibujando ya Corrigan en las ligas mayores de los cómics de prensa, el título en comic book no superó los nueve números. El idilio entre Williamson y Flash parecía terminado (no así con Raymond).

Y entonces llegó la película.

Williamson y Goodwin estaban por terminar su larga estancia con el agente secreto. Los esperaba George Lucas, otro devoto de Flash Gordon, para que se encargaran de los cómics de Star Wars para la prensa. Pero mientras, al socaire de la moda galáctica, el productor Dino de Laurentiis se sacó de la manga una adaptación de Flash Gordon. Sí, esa que todos ustedes recuerdan. La de la musiquilla de Queen.

Williamson saltó alborozado a dibujar la adaptación al cómic… sin saber que las continuas reescrituras de guion, el retraso en la llegada de material gráfico, el tono decididamente autoparódico de la película acabarían por llevarlo por la calle de la amargura. Como ya había hecho con su Corrigan, el propio Williamson prestó su físico para las primeras páginas de la adaptación (y su esposa, Cori, “fue” Dale Arden). Tenía en mente al Flash Gordon de los seriales que había adorado en su infancia, Buster Crabbe, no a Sam J. Jones. Con textos de Bruce Jones y la asistencia de Carlos Garzón, Alden McWilliams y Rick Veitch, Al Williamson elimina el tono kitsch de la película, elude las gracietas ridículas, y presenta una adaptación rigurosamente fiel al héroe raymondiano. En ocasiones declararía que no le gustó este trabajo “porque los personajes perdieron su esencia”. Sin embargo, es su mejor versión de Flash Gordon, la que destila más elegancia: bien podemos decir que la adaptación al cómic (hoy lo llamarían “novela gráfica”) supera ampliamente a la película.

Y terminamos nuestra labor de recuperación con los dos números que realizaría ya en 1995. En un nuevo regreso a Mongo, con textos de Mark Schultz sobre su argumento general, Williamson nos cuenta un “Flash Gordon año cero”, donde revela por primera vez el nombre real del personaje, George (por el hermano menor de Raymond en quien se inspiró el dibujante original).  Curiosamente, ese recurso fue vetado por el syndicate y se publicó con el nombre del niño censurado y cambiado a “Flash”… Ahí tienen ustedes la explicación para que Schulz, unos pocos años más tarde, en 2011, en aquel divertido e imposible crossover entre Flash Gordon y Príncipe Valiente, hiciera que el héroe del espacio convertido en viajero del tiempo y las realidades fuera confundido con  St. George.

Disfruten ustedes, pues, del Flash Gordon de Al Williamson, un autor que, pese a las pocas páginas que dedicó al personaje, está considerado como uno de los mejores dibujantes del rubio aventurero.FLASH GORDON de Al Williamson - Dolmen Editorial

 

Sobre el Autor

Rafael Marin

RAFAEL MARÍN (Cádiz, 1959) es profesor, escritor, traductor, guionista y teórico de historieta. Ha publicado más de treinta libros en diversos géneros: Lágrimas de luz y Mundo de dioses en la ciencia ficción; La leyenda del Navegante en la fantasía épica; La ciudad enmascarada, Ora Pro Nobis y Memento Mori en el terror; Detective sin licencia, Lona de tinieblas, Elemental querido Chaplin en el policial; El anillo en el agua y El niño de Samarcanda en la memoria biográfica; Las campanas de Almanzor, Juglar, Victoria, Don Juan y Elsinor en la novela histórica.

Es autor de antologías como Unicornios sin cabeza, El centauro de piedra, Piel de Fantasma o Son de piedra y otros relatos. Entre sus libros de ensayo destacan Hal Foster: una épica postromántica; W de Watchmen y Marvel: Crónica de una época.

Un Comentario

  • Que la King Features no pusiera al gran Al Williamson en Flash Gordon ,con un contrato de estrella a lo John Byrne o Jim Lee en Marvel, es uno de los grandes enigmas para mi.
    Desde luego fueron más listos los que le pagaron más para hacer star wars.
    De hecho el star wars de Al Williamson es star wars de calidad y no el ridículo de sw 7-8-9.
    Hay una historia marvel en que la hermana del general Cassio Tagge, Domina Tagge, contrata a varios de los caza recompensas para vengarse de los rebeldes, y el dibujo de Al Williamson la eleva al cubo.
    Descanse en paz, hubiera sido bonito verlo en Príncipe Valiente.

Rafael Marin

RAFAEL MARÍN (Cádiz, 1959) es profesor, escritor, traductor, guionista y teórico de historieta. Ha publicado más de treinta libros en diversos géneros: Lágrimas de luz y Mundo de dioses en la ciencia ficción; La leyenda del Navegante en la fantasía épica; La ciudad enmascarada, Ora Pro Nobis y Memento Mori en el terror; Detective sin licencia, Lona de tinieblas, Elemental querido Chaplin en el policial; El anillo en el agua y El niño de Samarcanda en la memoria biográfica; Las campanas de Almanzor, Juglar, Victoria, Don Juan y Elsinor en la novela histórica.

Es autor de antologías como Unicornios sin cabeza, El centauro de piedra, Piel de Fantasma o Son de piedra y otros relatos. Entre sus libros de ensayo destacan Hal Foster: una épica postromántica; W de Watchmen y Marvel: Crónica de una época.