MEMORIAS SIN FRONTERAS 7: JOHNNY HAZARD

M
Érase un tebeo que, desde que los superhéroes y los mangas educaron a las nuevas generaciones, no lo recordaba ni conocía ni su padre. Siendo como era, y es, el que es quizás el mejor título de aventuras de la historia: Johnny Hazard.
Cuando Vicente García («the boss») nos lo propuso, saltamos de alegría. Era uno de nuestros sueños. Incluso habíamos planteado la posibilidad de que Manuel Caldas lo publicara (pero Manuel es taaaaan perfeccionista que, como los primeros años de la tira están cortados unos milímetros por abajo como todas las tiras de esa época, por problemas de la carestía de papel, no quiso publicarlo hasta que encontrara algún periódico remoto norteamericano que sí hubiera publicado las tiras sin ese pequeño detalle inevitable).
Pues nos pusimos manos a la obra. Siempre he dicho que Johnny Hazard es el tebeo donde a mí me habría gustado vivir. No les voy a contar aquí las bondades del título, pues sería repetirme y ya he escrito unos veinte prólogos contándolas.
Nadie daba un duro por la continuidad de la publicación. Fue el primer título de Sin Fronteras. Un aviador metido en líos escrito y dibujado por un señor que fue menospreciado y atacado cuando, ya en sus años de vejez, se encargó de Capitán América y otros títulos para Marvel (oh, y también de La Sombra y de Batman).
No nos arredró el desafío. Algún día alguien nos haría caso. Y, sí, pronto empezamos a oír la pregunta «¿cuántos libros serán?». En una colección que conocían cuatro gatos. La respuesta elegante era decir que 19 en tiras diarias.
Uno de mis momentos de frustración como editor del título (editor en el sentido americano del término: yo solo coordino), fue cuando en la feria del libro de Madrid, estando yo en el stand firmando una de mis novelas, se acerca un señor y mira uno de los libros de Johnny y pone cara no sé si de asco, pero sí de absoluto desprecio y/o desconocimiento. «¿Te gusta Indiana Jones?», le pregunto. El señor me mira con la misma cara de asco y asiente, como si yo le estuviera pidiendo quedar con él para tomar unas copas. «Pues esto es el origen de Indiana Jones». No me hizo, claro, ni puñetero caso. Seguro que hoy es uno de esos lectores fidelísimos y maravillosos que esperan a que toda la colección esté editada para comprarla. Uno de esos lectores que no comprenden que para que la colección se publique completa se necesita que se vaya comprando número a número, cuando toca, cuando se disfruta, y no para cubrir agujeros en la estantería.
A lo que iba: el material de King, de pronto, empezó a estar cada vez peor. Todo lleno de manchurrones blancos, de viñetas cortadas. Jesús se volvía loco rellenando de negro unas sombras que habían desaparecido, completando carteles que se habían borrado. Un caos. Las tiras de pronto venían en formatos distintos. Y, para más inri, y todavía me doy cabezazos contra la pared por no haberme dado cuenta, se saltaron al enviarnos las dos últimas semanas de un año. Cuando nos dimos cuenta, el libro ya estaba impreso. Que fuera mi historia favorita (la de Destina la inmortal) solo hace que me dé cabezazos con más fuerza. Pudimos publicarlas esas dos semanas en un número posterior, con mil disculpas y mientras seguíamos dándonos cabezazos. Si algún día ese número se agota y hubiera que reimprimirlo, palabrita que las pondremos en su sitio.
Aquello fue la gota que colmó el vaso y juro que pensé que la serie se acababa ahí. Ya no nos podíamos fiar de KFS. Menos mal que pudimos contactar con gente que nos puso en contacto con otra gente y recurrimos a ellos para conseguir el material escaneando a partir de la edición italiana de los años setenta: o sea, de cuando no se publicaba a partir de un archivo digital (gracias, mil millones de gracias).
Hemos conseguido lo imposible: publicar en cinco años y medio (llevamos seis ya con Sin Fronteras, veinte mil páginas, que se dice pronto) todas las tiras diarias de Johnny Hazard.
Y ahora empezamos con las planchas dominicales en color. Y no, no empezamos por el principio-principio. Porque, verán ustedes, empieza uno a conocer la forma de pensar del niño-viejo coleccionista de cómics. Y los dos primeros años y pico de Johnny Hazard en color son chistes de una página y en formato vertical. Si de pronto el número siguiente de la serie cambia de formato a más de uno le da un jamacuco. Así que empezamos por el momento en que Frank Robbins cambia al formato apaisado y las historias ya no son chistes de una página y continúan el estilo épico y aventurero característico.
¿Pero qué va a pasar con esos dos años y pico del principio que no habéis publicado, de esa serie que no conozco y que lo mismo ni he comprado ni he leído? (Un inciso para decir por aquí que me molesta que se escriba «Hazzard» con dos zetas, lo que demuestra que no se han leído los tebeos: es Hazard con una sola zeta. Y no, no se pronuncia como el futbolista, con acento en la segunda a, sino con acento en la primera).
Sigamos: que no se preocupe el niño-viejo coleccionista de cromos, que publicaremos ese número que nos saltamos en cuanto podamos, dentro de un año o así… cuando, además, dispongamos de la decena de páginas que se saltó buenamente la edición de Hermes.
Pues eso. Que es la mejor serie de aventuras de la historia. Que es quizás nuestro «sleeper»: una serie que se va vendiendo hacia atrás. Nadie daba un duro por ella y ahora hay mucha gente que reconoce lo que es. Una maravilla.
La serie de donde salen James Bond e Indiana Jones.
La serie donde a mí me gustaría vivir, ya les digo.

Sobre el Autor

Rafael Marin

RAFAEL MARÍN (Cádiz, 1959) ha publicado más de cuarenta libros en diversos géneros: Lágrimas de luz y Mundo de dioses en la ciencia ficción; La leyenda del Navegante en la fantasía épica; La ciudad enmascarada, Ora Pro Nobis y Memento Mori en el terror; Detective sin licencia, Los espejos turbios, Lona de tinieblas, Elemental querido Chaplin en el policial; El anillo en el agua y El niño de Samarcanda en la memoria biográfica; Las campanas de Almanzor, Juglar, Victoria, Don Juan, Elsinor y Odiseo rey en la novela histórica.

Es autor de antologías como Unicornios sin cabeza, El centauro de piedra, Piel de Fantasma o Son de piedra y otros relatos. Entre sus libros de ensayo destacan Hal Foster: una épica postromántica; W de Watchmen y Marvel: Crónica de una época.

2 Comentarios

  • Es triste ver estos personajes tan míticos sepultados por el paso del tiempo. Lo que intentáis hacer con ellos es admirable y pese a que no soy seguidor de dichos personajes (más allá de un par de tomos o tres que me compré en su día por curiosidad) he leído fascinado tus artículos sobre ellos en la anterior versión de Crisei. Por lo que cuentas tratar de darles una nueva y decente vida editorial es toda una odisea. No me extrañaría que dicha odisea te haya inspirado a la hora de escribir tu reciente libro sobre Uli….Odiseo. respecto a Val, Flash, Dick y los demás os animo a seguir intentándolo, que no decaiga la ilusión y no dejéis que el cíclope del desánimo os devore. Un abrazo Rafa desde Barcelona.

  • Me leído las siete entradas de un tirón. Madre mía, qué cantidad de líos, problemas y zapatiestas.

    Hora de enterarme de cómo funciona el sistema de sugerir adquisiciones para las bibliotecas…

Rafael Marin

RAFAEL MARÍN (Cádiz, 1959) ha publicado más de cuarenta libros en diversos géneros: Lágrimas de luz y Mundo de dioses en la ciencia ficción; La leyenda del Navegante en la fantasía épica; La ciudad enmascarada, Ora Pro Nobis y Memento Mori en el terror; Detective sin licencia, Los espejos turbios, Lona de tinieblas, Elemental querido Chaplin en el policial; El anillo en el agua y El niño de Samarcanda en la memoria biográfica; Las campanas de Almanzor, Juglar, Victoria, Don Juan, Elsinor y Odiseo rey en la novela histórica.

Es autor de antologías como Unicornios sin cabeza, El centauro de piedra, Piel de Fantasma o Son de piedra y otros relatos. Entre sus libros de ensayo destacan Hal Foster: una épica postromántica; W de Watchmen y Marvel: Crónica de una época.